sábado, 29 de marzo de 2014

Breve, muy muy breve, historia del cómic - Parte 2


Comix Underground y Cómic Alternativo


Tras la “purga” de cómics, consecuencia de la instauración del “Comics Code”, un puñado de jóvenes contestatarios inició toda una revolución creativa y por medio de la autopublicación inundaron el panorama comiquero con obras explícitas, bizarras, libres y, sobre todo, por completo al margen de las grandes editoriales.

Robert Crumb


La figura más representativa del movimiento conocido como “Comix Underground” es Robert Crumb, oriundo de Pensilvania, quien en plena revolución hippie (1967) empezó a publicar historietas cuyos temas giraban en torno al sexo y las drogas. Sus personajes más distintivos, el Gato Fritz o Mr. Natural, eran muestra de los prejuicios nulos del autor en cuanto a temas escabrosos para la época y hacían eco de la revuelta juvenil de aquellos días en relación a la libertad sexual, la Guerra de Vietnam, la búsqueda de la paz y el consumo de drogas, en especial marihuana y ­LSD.

Con el nacimiento del Comix Underground se empezó a destacar y a respetar la importancia de los derechos de los autores sobre sus obras y tuvieron total libertad creativa sin tener que adaptarse a las ya habituales imposiciones de la industria dominante (donde los dibujantes eran esos artistas “frustrados” que no habían triunfado en el campo de la pintura, por ejemplo; y se veían casi obligados a ejercer como “obreros del trazo” en las  grandes editoriales).

Además, los mismos autores se encargaban de confeccionar los guiones, ilustrar y rotular sus propios cómics. La “teoría del autor” permeó el universo de la historieta y se empezó a labrar el camino hacia una apreciación más artística del cómic que por aquella época seguía siendo marginado y menospreciado por la élite cultural.

Con Robert Crumb y su recién creada revista “Zap Comix” (1967) a la cabeza, se consolidaron también las populares colaboraciones “Jam”, que reunían a varios artistas para la elaboración de un cómic, término que además se inspiró en las “Jam Sessions” del Jazz.

Un aspecto a destacar de las historietas creadas bajo el amparo de este movimiento revolucionario es que rescataron parte de la estética y de los contenidos de las antiguas “Biblias de Tijuana”, publicaciones con alto contenido sexual que vieron la luz entre los años 1930 y 1950, las cuales se confeccionaban y distribuían de manera clandestina y muchas veces incluían sátiras de personajes famosos como Popeye, por ejemplo.

Incluso, la aparición del Comix Underground fue interpretada por muchos como una manera de vengar la desaparición de E.C Comics, una de las más lamentadas víctimas del "Comics Code".

El Comix Underground supuso además la incursión definitiva y activa de las mujeres en el panorama de la historieta. Las autoras más destacadas de la época –­hacia principios de la década de 1970- abordaban, con plena libertad y sin tabúes, temas como el lesbianismo y el aborto.

Por otro lado, durante esta época surgieron términos como “Prozine”, un híbrido entre las palabras “profesional” y “zine”–publicación pequeña e independiente creada, editada y distribuida por su propio autor-. El primer “Prozine” fue obra de Wally Wood, al que llamó “Witzend” (1966) y en el cual llegaría a publicar el aclamado Art Spiegelman.

Y aunque el furor del Comix Underground no duró dos décadas, con él se cimentaron las bases de lo que luego sería el cómic alternativo, gracias a su incursión en el género autobiográfico con obras como “Binky Brown Meets the Holy Virgin Mary” (1972) de Justin Green, como claro referente.

1980  - 1990


A finales de la década de los 70 y principios de los 80 surgieron las llamadas editoriales “independientes” o “alternativas” especializadas en cómic, hacia las cuales se filtró el término “autoría” heredado del Comix Underground.

Estas nuevas editoriales mantenían los derechos de las historietas a nombre de sus autores y no se empeñaban en imponer parámetros que impulsaran el éxito comercial de las obras. Se respetaba la libertad creativa.

Una de estas editoriales, que a la fecha continúa existiendo, fue Fantagraphics, que empezó a editar la revista “The Comics Journal” –todavía en circulación- y publicó la aclamada colección “Love and Rockets” de los hermanos Gilbert, Jaime y Mario Hernández, mejor conocidos como “Los Bros Hernández”.

A la par surgían revistas como “Raw” (1980), que bajo el liderazgo de Art Spiegelman “internacionalizó” el cómic al incluir en sus números los trabajos de historietistas de todas partes del mundo. En esta revista, además, se publicaron las primeras páginas de “Maus”, que luego se convertiría en una de las obras más importantes de la historia del cómic.

Por su parte, Robert Crumb, ya no tan apegado a todo lo que significó el Comix Underground, continuó activo con su revista “Weirdo” (1981) en la cual publicarían su esposa, Aline Kominsky –fuertemente influenciada por Justin Green- y Peter Bagge, quien luego emprendería su propio proyecto con la revista “Hate” en 1990.

Posteriormente, cuando los años 80 llegaban a su fin y empezaba la década de los 90, hicieron su aparición tanto Daniel Clowes con su “Eightball” (1989) y Charles Burns con “Black Hole” (1995). 

La novela gráfica: 1990 – Siglo XXI


El formato “comic book” que todavía manejaban las reputadas revistas de cómic independiente fue tornándose cada vez más y más insuficiente para historietistas con mayores ambiciones artísticas como los ya mencionados Clowes y Burns.

Buscando la manera de no romper la continuidad de las narraciones, que debían fragmentarse y quedaban inconclusas hasta la siguiente entrega de la revista, surgió al fin lo que hoy se conoce como novela gráfica, formato con la plena capacidad de albergar los relatos completos.

Muchas de estas novelas gráficas fueron la recopilación de los fragmentos de una historia publicada en una de estas revistas, como sucedería en 2005 con “Black Hole” de Charles Burns, cuyos 12 números se reunieron en un solo tomo gracias a Pantheon Books.

Cabe recordar que el primer intento de “novela gráfica” corrió por cuenta de Will Eisner en 1978 con su obra “Un contrato con Dios”, pero para la época representó un rotundo fracaso. Los premios Eisner del cómic, por cierto, instituidos en 1988, se entregan en honor a este autor y al claro precedente que significó su obra para la consolidación de la novela gráfica.


El género por excelencia para este nuevo formato fue la autobiografía, con “Maus” como ejemplo contundente, obra que al recibir una distinción especial en los Premios Pulitzer de 1992 se convirtió en el hito del cómic como auténtica obra de arte. El relato de Spiegelman vio la luz cuando Allan Moore y Frank Miller publicaron sus respectivos “Watchmen” y “Batman, el regreso del caballero oscuro” (1986), cómics que por su parte renovaron el panorama del género de superhéroes con historias más elaboradas y con contenidos destinados a un público más maduro.

Finalmente, existe un referente fundamental en la historia del cómic que representó una división entre las narraciones autobiográficas que se enfocan en eventos importantes de la vida de alguien interesante y aquellas que se centran en la rutina de una persona del común, como American Splendor (1976) de Harvey Pekar, con dibujos de Robert Crumb; obra que si bien apareció mucho antes del surgimiento del cómic alternativo, preparó el terreno para esta vertiente del género autobiográfico.

Mientras el cómic se gestaba en Estados Unidos, en simultáneo se propagaba tanto en Europa como en Japón. En la próxima entrega de este breve, muy muy breve, resumen de la historia del cómic veremos lo que pasaba al otro lado del Atlántico.


Primera parte: desde el siglo XIX hasta la "caza de brujas" en la década de 1950.


Tercera parte: Europa y Japón.

 Bibliografía


  • GARCÍA, Santiago. La novela gráfica. Editorial Astiberri. 2010.
  • TEBEOSFERA. www.tebeosfera.com








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