Comix Underground y Cómic Alternativo
Tras la
“purga” de cómics, consecuencia de la instauración del “Comics Code”, un puñado
de jóvenes contestatarios inició toda una revolución creativa y por medio de la
autopublicación inundaron el panorama comiquero con obras explícitas, bizarras,
libres y, sobre todo, por completo al margen de las grandes editoriales.
Robert Crumb
La
figura más representativa del movimiento conocido como “Comix Underground” es
Robert Crumb, oriundo de Pensilvania, quien en plena revolución hippie (1967)
empezó a publicar historietas cuyos temas giraban en torno al sexo y las drogas. Sus
personajes más distintivos, el Gato Fritz o Mr. Natural, eran muestra de los
prejuicios nulos del autor en cuanto a temas escabrosos para la época y hacían
eco de la revuelta juvenil de aquellos días en relación a la libertad sexual,
la Guerra de Vietnam, la búsqueda de la paz y el consumo de drogas, en especial
marihuana y LSD. Con el nacimiento del Comix Underground se empezó a destacar y a respetar la importancia de los derechos de los autores sobre sus obras y tuvieron total libertad creativa sin tener que adaptarse a las ya habituales imposiciones de la industria dominante (donde los dibujantes eran esos artistas “frustrados” que no habían triunfado en el campo de la pintura, por ejemplo; y se veían casi obligados a ejercer como “obreros del trazo” en las grandes editoriales).
Además, los
mismos autores se encargaban de confeccionar los guiones, ilustrar y rotular
sus propios cómics. La “teoría del autor” permeó el universo de la historieta y
se empezó a labrar el camino hacia una apreciación más artística del cómic que
por aquella época seguía siendo marginado y menospreciado por la élite
cultural.
Con Robert Crumb
y su recién creada revista “Zap Comix” (1967) a la cabeza, se consolidaron
también las populares colaboraciones “Jam”, que reunían a varios artistas para
la elaboración de un cómic, término que además se inspiró en las “Jam
Sessions” del Jazz.
Un aspecto a
destacar de las historietas creadas bajo el amparo de este movimiento
revolucionario es que rescataron parte de la estética y de los contenidos de
las antiguas “Biblias de Tijuana”, publicaciones con alto contenido sexual que
vieron la luz entre los años 1930 y 1950, las cuales se confeccionaban y
distribuían de manera clandestina y muchas veces incluían sátiras de personajes
famosos como Popeye, por ejemplo.Incluso, la aparición del Comix Underground fue interpretada por muchos como una manera de vengar la desaparición de E.C Comics, una de las más lamentadas víctimas del "Comics Code".
El Comix
Underground supuso además la incursión definitiva y activa de las mujeres en el
panorama de la historieta. Las autoras más destacadas de la época –hacia
principios de la década de 1970- abordaban, con plena libertad y sin tabúes,
temas como el lesbianismo y el aborto.
Por otro lado,
durante esta época surgieron términos como “Prozine”, un híbrido entre las palabras “profesional” y “zine”–publicación pequeña e independiente creada, editada y
distribuida por su propio autor-. El primer “Prozine” fue obra de Wally Wood,
al que llamó “Witzend” (1966) y en el cual llegaría a publicar el aclamado Art
Spiegelman.
Y aunque el furor
del Comix Underground no duró dos décadas, con él se cimentaron las bases de lo que
luego sería el cómic alternativo, gracias a su incursión en el género
autobiográfico con obras como “Binky Brown Meets the Holy Virgin Mary” (1972)
de Justin Green, como claro referente.
1980 - 1990
A finales de la
década de los 70 y principios de los 80 surgieron las llamadas editoriales
“independientes” o “alternativas” especializadas en cómic, hacia las cuales se
filtró el término “autoría” heredado del Comix Underground.
Estas nuevas
editoriales mantenían los derechos de las historietas a nombre de sus autores y
no se empeñaban en imponer parámetros que impulsaran el éxito comercial de las
obras. Se respetaba la libertad creativa.
Una de estas
editoriales, que a la fecha continúa existiendo, fue Fantagraphics, que empezó
a editar la revista “The Comics Journal” –todavía en circulación- y publicó la
aclamada colección “Love and Rockets” de los hermanos Gilbert, Jaime y Mario
Hernández, mejor conocidos como “Los Bros Hernández”.
A la par surgían
revistas como “Raw” (1980), que bajo el liderazgo de Art Spiegelman
“internacionalizó” el cómic al incluir en sus números los trabajos de
historietistas de todas partes del mundo. En esta revista, además, se publicaron
las primeras páginas de “Maus”, que luego se convertiría en una de las obras
más importantes de la historia del cómic.
Por su parte,
Robert Crumb, ya no tan apegado a todo lo que significó el Comix Underground,
continuó activo con su revista “Weirdo” (1981) en la cual publicarían su
esposa, Aline Kominsky –fuertemente influenciada por Justin Green- y Peter
Bagge, quien luego emprendería su propio proyecto con la revista “Hate” en
1990.
Posteriormente,
cuando los años 80 llegaban a su fin y empezaba la década de los 90, hicieron
su aparición tanto Daniel Clowes con su “Eightball” (1989) y Charles Burns con
“Black Hole” (1995).
La novela gráfica: 1990 – Siglo XXI
El formato “comic
book” que todavía manejaban las reputadas revistas de cómic independiente fue
tornándose cada vez más y más insuficiente para historietistas con mayores
ambiciones artísticas como los ya mencionados Clowes y Burns.
Buscando la
manera de no romper la continuidad de las narraciones, que debían fragmentarse y quedaban
inconclusas hasta la siguiente entrega de la revista, surgió al fin lo que hoy se conoce como
novela gráfica, formato con la plena capacidad de albergar los relatos
completos.
Muchas de estas
novelas gráficas fueron la recopilación de los fragmentos de una historia
publicada en una de estas revistas, como sucedería en 2005 con “Black Hole” de
Charles Burns, cuyos 12 números se reunieron en un solo tomo gracias a Pantheon
Books.
Cabe recordar que
el primer intento de “novela gráfica” corrió por cuenta de Will Eisner en 1978
con su obra “Un contrato con Dios”, pero para la época representó un rotundo
fracaso. Los premios Eisner del cómic, por cierto, instituidos en 1988, se
entregan en honor a este autor y al claro precedente que significó su obra para
la consolidación de la novela gráfica.
El género por
excelencia para este nuevo formato fue la autobiografía, con “Maus” como ejemplo
contundente, obra que al recibir una distinción especial en los Premios
Pulitzer de 1992 se convirtió en el hito del cómic como auténtica obra de arte.
El relato de Spiegelman vio la luz cuando Allan Moore y Frank Miller publicaron
sus respectivos “Watchmen” y “Batman, el regreso del caballero oscuro” (1986),
cómics que por su parte renovaron el panorama del género de superhéroes con
historias más elaboradas y con contenidos destinados a un público más maduro.
Finalmente,
existe un referente fundamental en la historia del cómic que representó una
división entre las narraciones autobiográficas que se enfocan en eventos
importantes de la vida de alguien interesante y aquellas que se centran en la
rutina de una persona del común, como American Splendor (1976) de Harvey Pekar,
con dibujos de Robert Crumb; obra que si bien apareció mucho antes del
surgimiento del cómic alternativo, preparó el terreno para esta vertiente del
género autobiográfico.
Mientras el cómic
se gestaba en Estados Unidos, en simultáneo se propagaba tanto en Europa como
en Japón. En la próxima entrega de este breve, muy muy breve, resumen de la historia
del cómic veremos lo que pasaba al otro lado del Atlántico.
Primera parte: desde el siglo XIX hasta la "caza de brujas" en la década de 1950.
Tercera parte: Europa y Japón.
Primera parte: desde el siglo XIX hasta la "caza de brujas" en la década de 1950.
Tercera parte: Europa y Japón.
Bibliografía
- GARCÍA, Santiago. La novela gráfica. Editorial Astiberri. 2010.
- TEBEOSFERA. www.tebeosfera.com

No hay comentarios:
Publicar un comentario